La primera noche transcurrió tranquila .Fuimos al centro de la ciudad a dar una vuelta, pero parecía Satwa y como no había mujeres en ningún sitio decidimos cenar en un hotel. Luego llegó Gabi.
La primera noche habíamos decidido coger un coche con guía al día siguiente, y así fue. A la mañana siguiente nos fuimos en dos coches, uno el guía taxista y en otro su hijo, que no abrió la boca en todo el viaje. Primero fuimos a ver los valles y cascadas, aunque ahora aún está seco.
Luego fuimos de visita a la tumba del Santo Hoobbes, que, debía de ser un gigante a juzgar por la medida del enterramiento. Está junto a una mezquita porque los musulmanes también lo reconocen, supongo que no santo, pero profeta quizás.
La playa
Parada técnica, Sofia disfrutó de las cabras
En los valles
Nos encontramos con unos Omaníes que celebraban una boda de un amigo y nos invitaron a comer cabra hervida, que yo por supuesto no probé. Me quedo con el té, buenísimo. Los omaníes destacan por su hospitalidad, extrema, lo vimos la otra vez y ahora.
En los lagos, los locales lo aprovechan, había muchos bañándose.
Estuvimos viendo las ruinas de una antigua ciudad costera al borde del mar, Khor Rori (Sumhuran) de entre el tercer y primer sigo antes de C.
Fue el asentamiento pre-islámico mas importante de la zona y precioso además
Había camellos por todas partes, a su aire
En el mercado, donde venden incienso de todos los tipos imaginables, también pañuelos, y vestimenta local.
De vuelta nos paramos en los puestos de plátanos de la carretera.
El Sur de Oman recibe la cola de los monzones, por eso, además de ser muy verde, tiene palmeras de cocos y plataneros. Los plátanos exquisitos.
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