Nos paramos en un chiringo de camino, a coger agua y chuchees y creo que fliparon. Aparece un blanco con ojos claros, que se baja de un coche con 4 chicas, y habla árabe!!! Pues eso, aunque hay que reconocer que Jordania es muy muy moderno. Conviven culturas y religiones diferentes en armonía y en general sorprende la modernidad de las chicas.
La última parte es una bajada, obviamente. El Mar muerto esta por debajo del nivel del mar y la carretera es interesante. La sensación es que has llegado a un lado gigante y alargado donde se puede ver la orilla de enfrente.
Nos fuimos a un resort como nos habían recomendado, a comer, y disfrutar del mar desde ahí. Los hoteles tienen un acceso al Mar Muerto, porque no hay playa, es todo de rocas. Me entro un ataque de risa cuando me metí, Teresa decía que no podía ponerse derecha, y yo, os lo juro , que podía hacer yoga en el agua. Por mucho que lo intentes no te hundes.
No se puede meter la cabeza porque los ojos, al igual que cualquier herida, escuecen muchísimo y cuando estas un rato en el agua, la piel te pide agua dulce. Nos untamos en los famosos barros, y nos echamos unas risas embetunados de arriba abajo. A estas alturas las cámaras habían dejado de funcionar por el calor así que no tenemos fotos. Después otro baño y que barbaridad!! La piel estaba suavísima….
Seguimos tumbados en las hamacas, donde se escuchaban algunos impactos de la orilla opuesta. Te hace reflexionar, pensando en la proximidad y la lejanía de las cosas, de cómo vive la gente y el porque luchar cuando podían vivir como la orilla de enfrente. Pasamos la tarde en la piscina y secamos del baño viendo nuestra última puesta de sol en Jordania, incomparable ese sol rojo en el horizonte.
Nos duchamos, nos cambiamos (bendito hotel) y nos fuimos al aeropuerto. Dejamos el coche y volvimos a Dubai. Habían pasado solo tres días, pero la sensación de descanso era maravillosa. Ideal para afrontar la ultima semana de trabajo antes de ir a España de vacaciones.